Aunque resulte increíble de creer, todos los inviernos pueden leerse noticias sobre excursionistas que se adentran en el medio natural sin la correcta equipación o los conocimientos necesarios para afrontar una actividad invernal, solo por el mero hecho de querer «disfrutar de la nieve». En estas temporadas, y bajo ese tipo de condiciones, la montaña se convierte en un medio aún más hostil por lo que las precauciones deben extremarse aún más si cabe; no debemos tomarnos a la ligera las recomendaciones de las autoridades ni las consecuencias de este tipo de imprudencias en la Naturaleza.

¿Cuántas veces hemos visto en pleno invierno a gente en vaqueros y zapatillas deportivas o incluso sandalias por el monte?

Que las condiciones invernales se trasladen al medio urbano tampoco debería relajar nuestra actitud, puesto que los riesgos inherentes al frío existirán allí también si la climatología así se ha dispuesto. Los efectos de la exposición a un clima extremo (frío o calor) son siempre un riesgo potencial para la salud y debemos ser conscientes que, tanto en tierra como en el agua, en invierno la hipotermia es una de las causas principales de muerte.

Lesiones provocadas por el frío

Las bajas temperaturas, en caso de no tomar las debidas precauciones, pueden causar graves lesiones en el organismo más allá de las evidentes congelaciones en las extremidades. Por ejemplo:

  • Pies de trinchera
  • Sabañones
  • Problemas de riego sanguíneo
  • Órganos afectados (infartos o fibrilación ventricular, fallos renales…)
  • Cianosis
  • Necrosis…

En nuestro medio de actuación, en la mayoría de los casos, quedar expuesto a estas consecuencias suele estar derivado de un accidente como perderse bajo condiciones climatológicas adversas, aludes, fracturas… etc., que sorprende al afectado sin la facultad de protegerse correctamente o sin el equipamiento correcto para soportar el frío.

Habitualmente la preparación a nivel biológico es bastante limitada y casi siempre se subordinará a la capacidad de resistencia del damnificado.

En entornos fríos, una vez empecemos a sentirnos entumecidos, con problemas de movilidad o en el habla, la mayor de nuestras preocupaciones tiene un nombre: hipotermia.

 

Hipotermia

Podemos definir a la hipotermia como la caída de la temperatura central del cuerpo (temperatura rectal) por debajo de la considerada como normal, es decir, 36,5- 37 °C. Esta aparece cuando un cuerpo se somete a una temperatura ambiental baja y sus mecanismos de termorregulación acaban cediendo por culpa de la fatiga.

Existen de dos clases:

  1. Hipotermia de aparición lenta: patente a lo largo de unas 12 a 24 horas, dependiendo de la temperatura a la que uno se exponga. Se da en accidentados o extraviados por «zonas frías» o en aquellas personas que hayan permanecido expuestos al frío durante demasiado tiempo (aunque sea menor del mencionado) sin la cobertura adecuada.
  2. Hipotermia de aparición rápida: aparece en personas alcanzadas por una avalancha, caídos en una grieta o sumergidos en aguas muy frías. Su pronóstico es más grave que en el caso anterior ya que el cuerpo del accidentado tiene menos tiempo para activar sus mecanismos de termorregulación. Se ha podido constatar en cuerpos afectados que estos no tuvieron el tiempo suficiente para que se mostraran congelaciones en sus extremidades o en la piel antes de morir.

 

Síntomas

a) Hipotermia leve: 36,5º – 35º C

  • Escalofríos generalizados.
  • Cansancio y/o torpeza.
  • Dificultad para usar los dedos de las manos.

b) Hipotermia moderada: 35º – 32 °C

  • Piel y mucosas pálidas.
  • Entumecimiento en los dedos, imposibilidad de coordinar los músculos.
  • Desorientación, amnesia, apatía.
  • Pueden cesar los temblores.
  • El individuo siente la necesidad de calentarse con urgencia.

c) Hipotermia grave: por debajo de 32 °C.

  • Estado semiinconsciente (32-28 °C)
  • Pulso débil, arritmia.
  • Irracionalidad, dilatación de las pupilas.
  • Piel lívida y fría.
  • Extremidades cianóticas (moradas).
  • Agitación y coma (por debajo de los 30ºC).
  • Rigidez muscular (por debajo de los 29º C).
  • Pérdida de conocimiento y paro cardiaco.

d) Hipotermia muy grave: por debajo de 28º – 15 °C: Muerte

 

Prevención

En el caso de encontrarnos en una situación como las que describimos, el mejor método de actuación es seguir el Protocolo P.A.S. (Proteger-Avisar-Socorrer). Debemos intentar proporcionar calor al afectado (para lo cual es siempre fundamental contar con una manta térmica de aluminio en nuestro equipo y saber utilizarla) y, acto seguido, proceder a avisar a los servicios de rescate; los cuales estarán mejor preparados que nosotros para afrontar la situación.

Debemos tener en cuenta que, aunque contemos con formación de primeros auxilios, la hipotermia y las congelaciones suelen presentar muchos problemas añadidos si no se tratan correctamente o si, por ejemplo, se proporciona un calor excesivo en las zonas afectadas. Esto puede ocasionar dolores agudos y determinados traumas que no seremos capaces de solucionar sin un buen equipo de intervención sanitaria.

Nuestra mejor recomendación en este caso para «combatir» la hipotermia es: evitarla. Y para ello, deberíamos actuar de la siguiente manera:

  1. Prevenir el accidente:

    · Debemos tener una preparación física y técnica adecuada.
    · Consultar siempre los partes meteorológicos, aunque para ello debamos consultar en varias fuentes inclusive durante la actividad, y no salir si existen alertas o riesgos objetivos.
    · Hacer caso a las recomendaciones de las autoridades competentes.

  2. Contar con el equipamiento adecuado para afrontar una actividad invernal o ante cualquier eventualidad (esto es aplicable también en verano en alta montaña, donde las condiciones climáticas pueden cambiar en cuestión de minutos).
  3. Comer y beber adecuadamente. La resistencia de nuestro organismo a las bajas temperaturas obedecen de forma directa a la cantidad de calor que es este es capaz de generar. Y para producirlo el cuerpo necesita combustible: bebidas (no solo calientes) y comida energética.