El Comapedrosa, mencionado también a veces como Coma Pedrosa, es el pico más alto del Principado de Andorra. Está localizado en el noroeste de este pequeño país y tiene una altitud de 2.942 msnm. El pueblo más cercano (desde el cual comienza la vía normal de ascensión) es Arinsal, en la parroquia de La Massana, que posee una de las numerosas estaciones de esquí que hacen del principado uno de los paraísos europeos de esta disciplina invernal.

Esta montaña es el punto culminante del Parque Natural de los Valles del Comapedrosa, de unas 1.500 ha. localizadas junto a las fronteras de Francia y España, y con una red de senderos y refugios que tiene permite hacer un gran número de excursiones para disfrutar sus principales atractivos: el imponente paisaje de alta montaña, dominado por el gigante andorrano, así como sus lagos, cascadas, fuentes…

Por otro lado, la fauna y la flora típicas de los pisos alpino y subalpino están bien representadas. Plantas y animales muestran una serie de adaptaciones a los rigores climáticos de la alta montaña que los hacen de lo más interesantes para los amantes de la naturaleza. Algunas especies, además, son raras a nivel pirenaico, europeo o incluso mundial.

Se trata de una ruta que no presenta mucha dificultad técnica aunque su desnivel de subida de más de mil metros en pendiente lo hacen algo duro físicamente. Nosotros decidimos hacer la vía habitual de ascensión que os mostramos una vez más en la ruta GPS…

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Localización: Arinsal

Tipo de Ruta: Montañismo

Longitud: 14 kilómetros (aproximadamente)

Duración: 8 horas

Época recomendada: Verano

Dificultad MIDE:  →

Equipación mínima: Bastón, mochila, botas de trekking y agua. (más info…)

Ruta GPS: Comapedrosa

Recomendaciones:

  • Hay agua en varios puntos del recorrido debido a los ríos y arroyos que caen desde los lagos de montaña, pero puede existir contaminación por ganado en altura; así que recomendamos pastillas potabilizadoras o, al menos, de 2 a 3 litros de agua debido a la duración de la ruta.
  • Desde Arinsal seguiremos el GR-11 (Senda Pirenáica) hasta el Estany Negre, pero no llegaremos hasta el final del lago. Buscaremos las marcas amarillas y los hitos para llegar hasta la cumbre, y descenderemos por el que baja hasta la punta norte del lago.
  • Algunos montañeros optan por hacer noche en el Refugi de Comapedrosa, desviándose 5 min del GR-11. Aunque no lo hemos visto necesario en nuestra ruta, puede ser un buen campo base para hacer otros picos en la zona. El teléfono es: +376 327 955
  • Para consultar la previsión meteorológica en el Principado, visitar la web: http://meteo.ad/es/prevision
  • Dos rutas muy recomendables para hacer en familia, no muy alejadas del área de La Massana, y que pueden completar una escapada corta de montaña por Andorra son: el Camí del Ferro (prácticamente llana y con valores culturales y ambientales dignos de ver), y los Estanys de Tristaina (lagos glaciares de una belleza increíble, junto al telesilla más alto de Pirineos). En los enlaces tenéis toda la información, mapas y tracks GPS.

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En ese afán por conocer otros países, culturas distintas (o no tanto) y alzarme sobre sus montañas más elevadas, en esta ocasión he logrado «engañar» nuevamente a mi mujer y a mis hijos para acercarnos al familiar Principado de Andorra. Un pequeño país que no difiere tanto de las costumbres españolas, pero que no deja de ser para uno un lugar extranjero con el que tengo una visita pendiente desde hace muchos años…

El país de los Pirineos.

Tras un par de días con tiempo inestable en donde me he dedicado por entero a la familia, visitando sitios chulos y conocer un poco de la cultura y gastronomía de los valles andorranos, me dispongo a afrontar la escalada al techo de esta diminuta nación «cogobernada» por España y Francia.

Para ello he localizado previamente, la tarde anterior, el lugar donde dejaré el coche y comienza la ruta. Como empezaré a caminar de noche para hacer cumbre con los primeros rayos de sol y poder bajar a comer con mis peques, creí conveniente hacer este reconocimiento previo con algo de luz en vez de a oscuras.

Tras levantarme a las cuatro de la mañana, conduzco de nuevo hasta el mismo punto y, tras abrigarme un poco pues hace fresco y colocarme el frontal, empiezo a caminar junto a la cascada del Torrent Ribal.

No veo mucho más allá de la luz que me proporciona mi foco y solo intuyo la silueta de las montañas por como recortan el cielo estrellado (¿o hay alguna nube amenazante?). No puedo evitar pensar en mi hija y en como estaría de inquieta al caminar de noche por un bosque; aunque, al tiempo, estaría seguramente maravillada por la magia que supone caminar por un paraje así con su «papi», al arrullo de cursos de agua y animales nocturnos.

El camino no se me hace especialmente largo ni duro en este primer tramo del camino ya que, al no tener referencias de distancia, lo mismo me puede quedar mucho camino que no. Y, por tanto, el cerebro tan solo se deja llevar.

Tras desviarme de la pista principal por un estrecho sendero y cruzar un par de ríos por sus correspondientes puentes (tal y como se ven en la imágenes de arriba, tomadas con luz a la bajada), empiezo a ganar altura tras el segundo de ellos y la cosa se pone interesante.

A pesar de algún repecho en donde, aunque no puedo verlo, puedo escuchar el runrún del Ríu de Coma; y como salta de piedra en piedra mientras cae desde los lagos superiores hasta el valle. A estas alturas, cuando el río salta a menos de un metro de mi, ya empieza a clarear…

Hasta aquí no ha habido mucha pérdida y tan solo me he dejado guiar por el único sendero aparente y por las marcas blancas y rojas del GR. Pero, al fin, tras algo menos de dos horas de pateo, podré tener referencias visuales de mi objetivo de y de todo lo que me rodea.

Cuando llego al collado que da acceso al Refugio de Comapedrosa, que aún duerme tras un par de días de mal tiempo, y al impresionante Circo montañoso que lo rodea, me giro y veo un espectáculo que solo se puede ver en las alturas… recortando las nubes de lluvia que me temía al despertar, pero que en realidad se están alejando de mi.

Creo haberlo dicho ya en alguna ocasión…

Hay pocas cosas más incomparables que un amanecer en las montañas.

Los atardeceres también pueden ser hermosos, si. Pero los amaneceres y la luz de la mañana tienen algo especial para mi. Quizás porque se trata de una luz que no estamos tan acostumbrados a ver a diario, ya que normalmente estamos a esas horas en casa, desayunando, o ya en el colegio (cuando éramos chavales) o el trabajo.

Resulta difícil describir con palabras como el negro que cubre los cielos durante la noche se va desvaneciendo poco a poco hacia un azul oscuro que, tras pasar por un breve estadio púrpura, con suerte, recortará la silueta de los picos que nos rodean explotando ese «resplandor alpino» en un rojo intenso que enseguida se torna al naranja para teñirse después de un fugaz amarillo; el cual dará paso a ese ya reconocible azul suave, casi turquesa, previo a la salida del sol, que terminará por mostrarnos el añil típico de cualquier ambiente montañoso.

En mi opinión, ni siquiera los tan renombrados amaneceres o atardeceres marinos superan este espectáculo.

Supone un éxtasis que solo es entendible si alguna vez lo habéis vivido inmerso en estos paisajes. Lejos de la civilización. Lejos de cualquier ser humano que no sea, en todo caso, alguno de vuestros compañeros de cordada.

Con semejantes sensaciones en mi interior, camino por el fondo del circo de montañas dejándome ir por el evidente sendero que lo recorre hasta el horizonte que el sol empieza a bañar. Este empieza de nuevo a ganar altura poco antes de llegar a los muros que sirven de frontera con España, a la vera del Pic de San Fons (2.885 m.)

La subida no se hace especialmente dura, hace tiempo que las piernas han entrado en calor y el breve descanso del Circo Glaciar les ha venido bien. Las vistas que tengo al ir ascendiendo son cada vez más hermosas, con el Refugio y el Valle de Arinsal haciéndose cada vez más pequeños, dignas de otros sitios de esta preciosa cordillera Pirenáica.

Me acompaña únicamente el sonido de los grajos.

Ningún ser humano sigue mis pasos por el momento. Ya cambiará…

 

Llego a la Base de L´Estany Negre y me encuentro con una bonita laguna (hoy dividida en dos por la sequedad del verano) que parece recoger agua de la masa principal, situada algo más arriba. Veo un nevero que aún se mantiene en la garganta de desagüe a cuya altura el sendero se desvía…

Si continúo recto, siguiendo las marcas del GR-11, tomaría el camino por el que voy a descender del pico e incluso podría aventurarme a cruzar la frontera con Francia, no muy lejos ya de aquí. Sin embargo, si me desvío a la derecha y empiezo a ascender siguiendo las marcas amarillas llegaré a la cima del Comapedrosa a través de la cresta oeste, dejando a un lado el Estany Negre.

Opto por esta opción, aunque soy consciente de que los esquistos descompuestos de esta vía pueden contener algún paso delicado y que tendré que ir con cuidado de no resbalar, puesto que voy solo.

A pesar de todo, el camino es una gozada. Aunque hay que ir atento a los hitos (porque a veces llevan a confusión) y en algún momento debes echar las manos para progresar, no es un camino especialmente técnico pero te permite de realizar una actividad puramente montañera. Estoy en casi un «tresmil», así que sea verano o invierno… es Alta Montaña…

… y lo disfruto como un enano a pesar de las precauciones.

A lo largo de todo el cresterío (aunque no se aprecie en el tramo fotografiado) del Torregols del´Alt solo hay un par de momentos dignos de mención: uno en donde la roca descompuesta es resbaladiza y la trocha, por estrecha, tiene cierto patio… lo cual, impresiona. Y el segundo, un paso en el que debo trepar, aunque sin mayores dificultades.

En general, puede que fuera más cómodo en invierno con todas las rocas tapadas por la nieve y tirando de crampones; pero tampoco se ha revelado como una vía complicada más allá de restarte un poco más de tiempo del inicialmente estimado.

Encuentro un par de vivacs en los pequeños collados cercanos a la cumbre, y un cartel enlazado a una cadena que impide el paso por el tradicional camino de descenso desde la cima. Por razones de conservación, debido al excesivo desgaste de esta canal de bajada, la dirección del Parque Natural y el Comú de La Massana decidieron colocar este cartel de aviso que, por supuesto, todos debemos respetar.

Al fin, tras unos metros más de subida, me elevo por encima de todos los andorranos y me encuentro en una de las cumbres más bonitas que he escalado en Pirineos. No solo por su accesibilidad, sino por el magnífico mirador que supone sobre casi todos ellos…

Desde aquí soy capaz de ver las nieves perpetuas del macizo del Aneto (3.404 m.), la Maladeta (3.308 m.) y el Perdiguero (3.222 m.) a menos de 65 Km. en línea recta, las cuales desgraciadamente no creo que mis nietos lleguen a pisar. El andorrano Pic de Tristaina (2.876 m.) por encima de las lagunas que visitaré mañana con la familia. Y tengo a tiro de piedra – menos de 10 Km. – el Montcalm (3.077 m.), el Pic Verdaguer (3.137 m.) y la Pica d´Estats (3.152 m.), techo de Cataluña que subí con mi compañero Gonzalo hace unos años.

La verdad es que al final me está haciendo un día increíble y la visibilidad es magnífica, por lo que el Comapedrosa se revela como, lo dicho: un punto increíble de observación panorámica.

Y lo que más me gusta es que estoy completamente solo.

Aún no son las nueve de la mañana y probablemente no hay vida humana activa en mucha distancia a mi alrededor. Es por disfrutar de estos momentos, entre otros, que amo la montaña. Y aunque me encantaría poder compartirlos con mis habituales camaradas montañeros, estas soledades (tan solo rotas por un pequeño gorrión alpino que viene a visitarme a ver si «pilla» algo de manduca) son impagables.

Miro hacia Arinsal y pienso en mis peques (mi mujer y mis hijos) y aprovechando una «rayita» de cobertura y que probablemente ya estarán despiertos les envío un mensaje para que miren hacia arriba y sepan que estoy bien. Que pronto volveré con ellos para darles un beso enorme y agradecerles la paciencia que tienen conmigo y mis «adicciones montañeras».

Tras un rato de disfrute, el sonido de un helicóptero de rescate (que no se si estará de prácticas o de reconocimiento) me saca de mi ensimismamiento y decido ponerme en marcha para descender. Frente a mi, junto a una baliza indicadora, sale un camino que baja para unirse de nuevo con el GR-11 e ir hacia el Estany Negre o hacia los Estanys Forcats y la frontera con Francia.

El sendero tiene una roca nuevamente bastante descompuesta, pero en muy pocos minutos logro llegar abajo a una zona más cómoda donde me vuelvo a enganchar con el sendero de Gran Recorrido que me llevará hasta abajo.

Es aquí, poco antes de llegar a las orillas del Estany Negre donde me encuentro con los primeros seres humanos de la mañana, llegados de una ruta cercana a la frontera francesa.

La laguna es absolutamente preciosa, con unos colores que van desde el azul profundo al verde, pasando por un bello color turquesa. No queda nieve a su alrededor, más que el nevero que vi en su desagüe al subir. Quizás la nieve la haga aún más bonita, pero aún en esta época del año… es digna de ver y de recorrer sus orillas.

Sin contaminarla, compruebo lo frías que están sus aguas y sigo mi camino.

Es entonces cuando empiezo a escuchar a los primeros tontos de la mañana. Salidos de vete a saber donde, hacen de la montaña su patio particular de recreo como si estuvieran en su barrio, y solo puedes pensar que ojalá se hubieran quedado en su casa.

A lo largo de todo el descenso veré como esta ruta hace honor a algo que ya había leído sobre ella y que, hasta ahora, no había podido comprobar… esta es la M-30 de la Andorra montañera. Al igual que la Pica d´Estats, es una montaña muy codiciada por propios y ajenos (sobre todo catalanes, aunque me encuentro mucho francés e incluso algún japonés despistado), por lo que a ciertas horas se masifica.

Cada vez estoy más contento de haberme pegado el madrugón como todo buen montañero debería hacer en una ruta larga y con tanto desnivel como esta.

Según voy bajando encuentro excursionistas solitarios como yo o grupos medianamente numerosos. En general gente más o menos amable, salvo algún bobo que no solo cree que la montaña es suya, sino que tiene la mala educación de contestar en catalán (en Andorra es el idioma oficial, aunque hay mucho catalán-español allí presente también en vacaciones) a pesar de que hayas saludado en español o estés tratando de ayudarles (y eso que siempre intento ser amable de saludar en el idioma que escucho venir: francés, alemán, inglés…).

Quizás no sea políticamente correcto decir estas cosas, más y cuando están sucediendo las cosas que están sucediendo en Cataluña en los últimos tiempos; pero no puedo evitar pensar que son esta clase de tontos que, sin pretender quitarles sus legítimas pretensiones, están dando con su actitud una imagen lamentable de una tierra tan bella y tradicionalmente acogedora como es Cataluña.

No pretendo ofender a nadie ni crear polémica, pero es que me parece muy triste…

Cuando sobrepaso el collado del Refugio veo por fin todo el valle arbolado por el que subí de noche, y aprecio aún más el tremendo desnivel que he salvado hoy.

No entiendo como hay familias que no se documentan mejor antes de si quiera empezar una ruta únicamente hasta el refugio. Aunque solo sean dos horas como máximo, se salva un desnivel un poco excesivo para la cantidad de niños agotados y desanimados que veo por el camino.

En fin… Es una manera de intentar que aprecien la naturaleza y la montaña, y conseguir que la odien.

Afortunadamente hay gente maja que saluda y te pregunta y con la que compartes, a pesar de la masificación de la ruta, un poquito de tu experiencia a lo largo de la actividad.

Paso por puntos que recorrí de noche y trato de experimentarlos de otro modo. Reconozco que la bajada termina por hacerse durilla debido a la pendiente, y tengo que manejar bien los bastones para no acabar con las rodillas reventadas.

Al fin, veo la localidad de Arinsal y se que me queda poquito para llegar.

Estoy cumpliendo bastante bien los tiempos… llegaré para comer y darme un frío (de los más fríos que me daré nunca en una piscina) chapuzón.

Misión cumplida…

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Os dejo a continuación un vistazo a golpe de dron de la zona de los Lagos de Tristania (en condiciones invernales) que mencioné en los datos de interés complementarios a la ruta.

Sin duda, sea cual sea la época del año, una visita obligada. Pero madrugad un poco para evitar las masificaciones a partir de media mañana…

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