El Reajo Alto es una montaña del norte de la Sierra de Guadarrama. Su cima tiene una altitud de 2.102 metros, su vertiente noroeste pertenece a la provincia de Segovia y la sureste a la de Madrid. Se ubica en la zona norte del cordal de los Montes Carpetanos, a unos cinco kilómetros al noreste del Puerto de Navafría (1.778 m).

Se trata de la montaña de más de 2.000 metros más septentrional de la Sierra de Guadarrama. Sus laderas están densamente pobladas por bosques de pino silvestre, alcanzando densidades notables en las zonas bajas de su cara noroeste. Por encima de los 1.900 metros de altitud los pinares dejan paso a zonas abiertas donde predominan los canchales y los arbustos de alta montaña como el piorno serrano y el enebro rastrero.

La ascensión más cómoda y corta se realiza saliendo de el Puerto de Navafría. Se avanza por un camino que asciende hacia el noreste por la cresta de las montañas. Después de casi 4 km. aproximadamente alcanza la cima. El desnivel acumulado es de unos 350 metros y la ruta no tiene dificultades técnicas. El perfil de esta montaña es bastante poco sobresaliente y la cima constituye una amplia explanada.

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Localización: Puerto de Navafría (Lozoya)

Tipo de Ruta: Montañismo

Longitud: 12 kilómetros (aproximadamente)

Duración: 3 a 4 horas

Época recomendada: Todo el año

Dificultad MIDE:  mide_ReajoAlto

Equipación mínima: Bastón (raquetas), mochila, botas de trekking y agua. (más info…)

Ruta GPS: Reajo Alto

Recomendaciones:

  • No hay agua potable en el recorrido, así que se recomienda llevarla nosotros.
  • Aunque es una ruta que puede efectuarse en cualquier época del año, quizás en invierno sea interesante llevar raquetas para avanzar mejor. La zona es muy frecuentada en invierno por esquiadores de travesía.
  • La zona tiene muchas ruinas de la Guerra Civil, es interesante buscarlas como «recuerdo histórico».

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Hace un tiempo me adentré por la pista forestal y los pinares que dan acceso al llamado Pico del Nevero. Iba dispuesto a coronar una nueva montaña de mas de 2000 metros, de una zona casi desconocida de la sierra para mi. Allí, casi sin proponérmelo, encontré numerosas ruinas de lo que antaño fueron posiciones bélicas de la Guerra Civil Española.

Desde un bonito mirador que se encuentra en la pista que baja hasta Navafría, pude contemplar también otras montañas adyacentes que, según un viejo libro que poseo, también guardan tesoros de nuestra historia… de aquella batalla que supuso la toma de este estratégico puerto.

Al descender, me prometí a mi mismo que volvería para descubrirlas y no dejar que mi memoria olvide sitios como este, ni historias como las que esas ruinas tienen que contarme. Pues olvidar nuestro pasado significa errar de nuevo en el futuro…

Hay que ser un valiente,
vencer el miedo que nos atormenta,
para ver la claridad que nos une
con los verdaderos guerreros
que nos dan la libertad
para que el futuro no sea incierto,
en los caminos de la paz.


Ha hecho bastante aire toda la noche, y los servicios meteorológicos anuncian una brusca bajada de las temperaturas debido a la entrada por el noreste de un frente de frío siberiano. Poco antes de salir del coche, solo espero que aún estemos a tiempo de hacer esta ascensión sin sufrir demasiado frío. Ojalá el tiempo nos respete…

¿La verdad? Al bajar del coche siento bastante frío, pero al no soplar el viento, se hace llevadero.

Por encima de mi se alza el Pico del Nevero con su cumbre cubierta de nieve. Qué rabia me da no subirlo hoy… seguro que está más bonito que la vez que lo coroné.

En esta ocasión lo dejamos a la espalda saliendo en dirección noroeste, cruzando una valla que impide la circulación a los vehículos por la pista forestal que recorre los Montes Carpetanos.


Los pinos se ciernen sobre nosotros y nos resguardan con sus copas de la luz del sol, aunque no es lo más deseable con estas temperaturas. Llevamos calados los gorros hasta las orejas y las «bragas térmicas» hasta la nariz… guantes, forro polar… gracias a ellos y a que el camino es cómodo, rápidamente entramos en calor.

La pista forestal es un camino desahogado que en sus primeros tramos serpentea por la falda del monte ganando altura muy poco a poco. Encontramos algunos charcos de agua completamente congelados en nuestro camino, que debemos esquivar para no tener una absurda caída al suelo.

En este primer tramo encontramos la única fuente que hay en todo el camino. El agua es cristalina y fresca. Sienta mejor que la que puedes beberte en cualquier ciudad.

Algo más adelante, el camino por fin se bifurca en dos direcciones. Llevamos un rato preguntándonos cuando empezaremos a subir de verdad. Según el mapita que llevamos, quizás deberíamos haberlo hecho ya, pero sus referencias son muy pobres y no ayudan.


Decidimos tomar el camino de la izquierda que ya si que empieza a subir en una pendiente no muy dura.

Sin abandonar esta variante de la pista forestal, vamos ganando altura mientras contemplamos a nuestra derecha los distintos embalses del Valle del Lozoya. Las vistas son impresionantes y el camino: fácil. Me alegro puesto que le prometí a Gonzalo que su chica, Irene, no tendría que cansarse en exceso. Dadas experiencias anteriores… creo que no está muy segura de nuestra palabra.

Por fin, alcanzamos un punto en que la pista forestal parece descender. No hemos visto ningún camino claro que suba hasta las cimas, así que indico a Juan y a Gonzalo que deberíamos remontar un cortafuegos que seguro que nos lleva hasta nuestro primer objetivo: el Reajo Capón (2.092 m.).


El cortafuegos resulta la parte más dura de toda la subida. Es una pendiente bastante inclinada, aunque asequible tomándola con calma. Recorremos una primera parte hasta llegar a unas piedras que el camino debe rodear. Después, el cortafuegos sigue subiendo un poco más hasta que alcanzamos la antecima del primer «Reajo». Allí se encuentran las primeras ruinas de nuestra ruta: el fortín de La Polvorosa 2. Una excelente posición estratégica desde la que se cubre el Puerto de Navafría y las laderas del Pico del Nevero.

Una vez más, y acuciado por la sensación de frío de estas alturas, vuelvo a demostrar un respetuoso silencio por los hombres que lucharon en estos terrenos durante el invierno del 36.


Desde aquí el sendero casi se pierde hasta la cúpula principal del Reajo Capón. Caminamos entre arbustos rastreros hasta toparnos con algún pozo de artillero y un par de trincheras. Un vértice geodésico derribado nos marca, junto a un nuevo fortín, que nos hayamos en la primera de las cimas del día.

Permanecemos unos minutos internándonos por las ruinosas paredes del antaño refugio militar antes de continuar camino, descendiendo hacia el Collado del Hornillo, el cual separa a los dos «Reajos». Hasta ahora no hemos encontrado muchos neveros pero a partir de aquí, serán numerosos los que salpiquen nuestros pasos.

Descendemos siguiendo una vieja valla que debía marcar de algún modo el límite provincial. En nuestra bajada aún podemos observar algunos restos más de aquel conflicto fratricida.


Mientras perdemos altura podemos ver un sendero que se interna entre los árboles que tenemos delante, en dirección hacia la Peña del Buitre de 2.097 m. (loma secundaria al oeste de nuestro objetivo final). Sin embargo, nosotros vamos a continuar por un nuevo cortafuegos en rumbo directo hacia la cima. Por detrás de nosotros, la niebla y las nubes bajas que entran desde Segovia están empezando a ganar altura y amenazan con restarnos visibilidad.

Para no perder este cortafuegos no hay más que seguir junto a un muro de piedra que debe separarlo de un coto de caza colindante. Esto será fundamental durante la bajada, cuando la niebla nos haya cubierto por completo.

Tras atravesar algunos neveros y una nueva zona de «escobas» encontramos un claro y vemos al alcance de la mano el vértice que marca la cima del Reajo Alto. Gonzalo y yo nos adelantamos mientras Juan e Irene se lo toman con más calma para llegar.

El frío se ha vuelto húmedo y algo más intenso, así que preparo la cámara por el camino para hacer las fotos de rigor.


Por fin, alcanzamos la cima junto a un viejo puesto de observación derruído. Frente a nosotros, un paisaje que debieron ver los soldados de hace setenta años: Somosierra y Ayllón. Detrás, aunque nosotros no lo veamos: la meseta castellana. Las vistas son magníficas, pero, ¿que debieron pensar ellos?

Qué tristeza…

Tras unos minutos, y con las nubes cada vez más encima, decidimos no permanecer mucho allá arriba para no arriesgarnos a no encontrar el camino de vuelta.

Con paso firme, nos encaminamos al corazón de las nubes y desandamos el camino andado.

Después de haber tenido un buen día de sol, también se agradece caminar por una montaña nublada. Tiene un encanto especial. Como si te hallaras en un mundo extraño bañado por un sol de invierno

Cuando por fin regresamos a la antecima del Reajo Capón, las nubes han vuelto a retroceder algo hacia Segovia, y entonces una imagen nos sobrecoge a Gonzalo y a mi. Un inmenso mar de nubes parece querer comerse al Pico de Peñalara por su espalda. Desde aquí, parece como si se tratara de un monstruoso glaciar, más alto y grande que cualquiera que exista en España, que tratase de engullir una pequeña piedra en su camino.


Semejante visión, casi salida de otro mundo, me acompañará hasta el coche.

Tras descender el primer cortafuegos que ascendimos, retomamos la pista y, aunque nosotros descendimos por una terraza del monte, destrepando a través de un riachuelo, sin duda el mejor camino es volver por el camino de venida.

A pesar de ello, esta última experiencia campo a través va a hacer sin duda que la comida y las cervezas que nos vamos a engullir en el pueblo, nos sienten aún más de lujo…

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