La aparición y evolución de los sistema GPS ha ocasionado que, con el paso del tiempo, la mayoría de personas que realizan actividades al aire libre hayan terminado por confiar su ubicación a este tipo de aparatos o aplicaciones móviles. Y todo ello sin que en muchas ocasiones sepan usarlos correctamente. Por esa razón, hace tiempo que dedicamos una entrada de este blog al conocimiento de este y otros métodos de orientación; e incluso llegamos a dedicar otra a las funciones (no siempre convenientes) de nuestro smartphone como terminal GPS.

Sin embargo, nos dejamos algo pendiente de tratar en mayor profundidad. Así, en esta ocasión vamos a intentar explicar de forma fácil y muy sencilla como empezar a usar un mapa durante cualquier actividad en la naturaleza. Y esto es debido a que resulta fundamental saber usar también esta herramienta; ya que no siempre dispondremos de baterías en nuestro GPS o, incluso, los satélites pueden proporcionarnos datos erróneos. Por tanto, saber «tirar» de un mapa en cualquier momento puede sacarnos de un importante aprieto.

 

 

¿Por qué deberíamos seguir usando mapas físicos?

Son varias las ventajas de usar cartografía física en la naturaleza.

Quizás la que menos nos suela llamar la atención en un principio sea la capacidad de visión espacial que ganamos al usarla. Sabiendo leer un mapa nos dotaremos de unas buenas facultades de orientación e interpretación del terreno y, además, seremos más independientes por lo que nuestras capacidades elementales para desenvolvernos en terrenos naturales se verán incrementadas.

Qué más nos aportará este conocimiento:

  • Libertad

    Al manejarnos con la cartografía podremos preparar nuestras rutas con antelación sobre plano sin depender de itinerarios ya realizados, y que quizás no se adapten a nuestras capacidades físicas.

  • Seguridad

    Como ya hemos dicho antes, nuestro terminal GPS (por las razones que sean) puede fallar. Pero si sabemos leer un mapa no estaremos perdidos y tendremos una alternativa perfecta para poder buscar refugio u otros objetivos.

  • Más opciones

    Los mapas nos conectarán además de otro modo con nuestro entorno; sin obligarnos a seguir un itinerario concreto y permitiéndonos hacer cambios en la ruta a nuestro antojo.

  • Autosuficiencia

    Un mapa no va a necesitar cobertura ni batería, lo que nos hará ser independientes de cualquier tecnología para alcanzar con casi toda probabilidad nuestra meta.

 

 

¿Qué mapa debemos elegir?

Tengamos claro en primer lugar que lo que necesitamos es un Mapa Topográfico; y a ser posible «oficial«. Es decir, publicado oficialmente por un organismo gubernamental o editorial autorizada ya que las cartografías libres no siempre cuentan con los datos más actualizados. Y a la hora de adquirir un ejemplar habrá que prestar atención a tres aspectos sobre él: su escala, la fecha de publicación y el área que engloba.

  • La Escala

    La escala nos va a indicar la relación que hay entre los tamaños impresos en el mapa y los reales. Las escalas más habituales en los mapas que más nos pueden interesar para hacer senderismo o montañismo comprenderán las escalas 1:25.000 a 1:50.000. Siendo los del primer tipo los más recomendables por presentar una mayor ampliación y precisión de los detalles; ya que 1 cm del mapa representará a solo 25.000 cm (250 m.) en la vida real.

  • Fecha de publicación

    Este dato es significativo ya que el paso del tiempo puede producir cambios en el terreno y los caminos. Por lo que debemos elegir siempre el mapa más actualizado posible.

  • Área

    Si el mapa que elegimos no engloba en su totalidad el área por la que vamos a transitar, corremos el riesgo de perdernos si nos «salimos de sus márgenes»; por lo que habrá que valorar el comprar también el mapa correlativo al que ya tengamos.

 

 

Y… ¿cómo se lee un mapa?

En  primer lugar hay que saber interpretar las subdivisiones existentes en un mapa. Estos se suelen dividir en capas superpuestas, cada una de ellas enfocada en una información concreta; y, habitualmente, suelen existir cuatro: relieve, hidrografía, construcciones y toponimia.

Algo fundamental también será el saber ubicar siempre donde se encuentra el «Norte» del mapa. Lo más habitual es que este se halle en la parte superior de la carta; y de no ser así, entonces debería estar indicado expresamente sobre dicho papel. ¿Por qué? Porque de esta manera podremos orientar de forma correcta nuestro mapa junto a la brújula que portemos para poder emplazarnos claramente sobre el terreno.

También tendremos que comprender, como ya dijimos algo más arriba, la escala de nuestro mapa ya que esta nos revelará las distancias reales del terreno. Contar además con una brújula que tenga regla y un escalímetro sería más que recomendable para poder precisar aún más este tipo de datos y trazar mejor nuestra ruta.

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Las capas de un mapa
  • 1ª Capa: relieve

    El relieve se nos va a mostrar mediante líneas de color marrón (pudiendo ser también azules, grises o de otros colores según deban destacarse de otros elementos), y suelen venir marcadas con un número de referencia altimétrica para facilitarnos el reconocimiento de los perfiles reales del terreno.

  • 2ª Capa: hidrografía

    Mediante esta capa se representan los ríos, lagos, arroyos, pantanos… etc.; y suele estar delineada en color azul.

  • 3ª Capa: construcciones

    Esta capa se suele representar en color negro y aglutina la información de vallados, lindes, pueblos, casas o carreteras. Estas últimas, así como otros caminos, pueden aparecer también con otros colores para destacar su grado de uso o si son vías comarcales, nacionales, autovías… etc.

  • 4ª Capa: toponimia

    En esta último estrato nos encontramos con el rotulado de los nombres locales representados en el mapa; normalmente en letras de color negro.

  • Leyenda

    Por último, también hemos de ser conscientes de la existencia de la «Leyenda del Mapa«.

    Normalmente encuadrada dentro de una «caja» lateral, nos servirá para obtener información adicional sobre las capas mencionadas o la diferente simbología y señalética utilizada por la editorial en el mapa. Se trata por ende de una breve guía de consulta sobre cualquiera de los símbolos que no entendamos a primera vista.

 

 

Detalles finales

Algo a tener en cuenta para terminar es que los mapas no indican por si mismos los niveles de dificultad de las rutas. Tendremos que conocer estos datos a través de otro tipo de fuentes para, posteriormente, poder interpretarlos sobre la cartografía.

En algunos casos esta puede reflejar senderos homologados, y sus diferentes señaléticas, por las diferentes Federaciones de Montaña y Senderismo nacionales o locales; pero debemos ser conscientes que no habremos de sustituir nunca los mapas topográficos (reflejen o no estos itinerarios) por los típicos turísticos que se encuentran en las Oficinas Locales de Turismo, ya que los mapas que estos últimos nos muestran serán casi siempre más esquemáticos que precisos.

Por último, si queréis profundizar más sobre cómo se ha de interpretar y utilizar un mapa, una brújula o las diferentes técnicas de orientación existentes dentro de un entorno natural, os recomendamos realizar un curso o taller como los que ofrecen las Federaciones de Montaña o como los que nosotros mismos ofertamos a través de nuestra página web.